¡Ay!, perdonadme un momento que voy ha echarle una pedrada a la luna, que se ha ido artera a un bancal de habas y el huertano dueño de ellas, me esta gritando desgracias.
Sol de primavera para sus ojos de manzana, lecho de marabú para su vientre retocado, miel par su boca, catarro de azul y violeta y para su sueño, toda la paz del mundo.
El Cuervo existe, porque La Encinilla no es insolidaria. Vaya por donde vaya la autovía, los dos habremos ganado, los dos habremos perdido, mas allá de trazados idóneos o rutas abyectas, los que nos precedan lo corroborarán en su cómodo itinerario.